Esta técnica de joyería mediterránea heredada de los etruscos, gente de la antigüedad cuyo núcleo geográfico era la Toscana, son recordados por su habilidad para construir barcos y hacer joyas, debe su nombre a la unión de filo = hilo y grana = grano, que evoca la finura y delicadeza de este trabajo. Los efectos más sutiles con el metal, una textura satinada al ojo y un tacto suave, dejan su marca en piezas de lenguaje figurativo inspirado en el reino animal o en piezas abstractas inspiradas en formas geométricas. La exploración del contraste, de lo lleno y lo vacío, y de lo transparente y opaco, enriquece las joyas. Los finos hilos de oro o plata también se combinan con piedras preciosas para dar vida a piezas ricas en formas y colores. He estado trabajando en filigrana con el Maestro Wilmer Martínez de Mompox, Colombia.